· Jose Antonio López  · 6 min lectura

Cuarta Revolución Industrial o Digitalización

¿Hacia dónde nos lleva la revolución digital? ¿Cómo hemos llegado? ¿Somos conscientes?

¿Hacia dónde nos lleva la revolución digital? ¿Cómo hemos llegado? ¿Somos conscientes?

Estos últimos años, hemos sido testigos de un progreso tecnológico sin precedentes. En este artículo te explicaré preguntas que me hacen reflexionar y seguramente a ti también te harán.

¿Qué es la revolución digital?

Si te preguntas por alguna fecha en concreto que marque el inicio de la revolución digital, te diría sin duda que fue el 9 de enero de 2007. El inicio de la revolución digital es sin duda el lanzamiento del iPhone por parte de Apple. Fue un evento que transformó radicalmente la forma en que interactuamos con la tecnología y marcó el inicio de una nueva era digital.

El iPhone marcó el nacimiento de un nuevo mercado y modelo económico basado en los datos. Empresas como Microsoft, Google, Meta, Amazon o OpenAI son plenamente conscientes de cómo funciona todo esto. Gracias a ellas, se ha avanzado muchísimo.

Ahora disponemos de navegación GPS en tiempo real, sistemas de mensajería por videoconferencia, redes sociales y herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT.

Bienvenidos a la revolución digital, cuarta revolución industrial o cualquier otro sinónimo. Todas estas palabras describen un conjunto de avances en muchas áreas del conocimiento humano. Esto hará posible una transformación del paradigma de sociedad establecido.

¿Hacia dónde nos lleva la revolución digital?

Para responder a la pregunta de a dónde vamos, primero debemos saber cómo hemos llegado. Hemos llegado a través del modelo económico basado en datos. La palabra “dato” tiene su origen en el latín “datum” y significa “lo que se da” o “lo que se concede”. ¿Qué hemos dado entonces?

Hemos concedido nuestro tiempo a las grandes empresas tecnológicas. Cuanto más tiempo pasamos en sus productos, mejor nos conocen. Cuanto mejor nos conoceon, a mejor precio ofrecen espacios publicitarios subastados automáticamente en milisegundos.

Seguro que ya te has dado cuenta hablando con amigos y familiares. Esos zapatos, libros o seguros que aparecen mientras haces scroll (deslizar la pantalla) no son casualidad. Las grandes empresas tecnológicas han diseñado productos gratuitos para manipular lo que nuestros sentidos perciben.

Para dar forma a la trampa, WhatsApp ha cambiado cómo se ven las pantallas, por ejemplo. A eso se le llama test A/B. Si pasamos más tiempo, se quedará así.

El ejemplo más conocido de técnica de modificación conductual es el scroll infinito. Aza Raskin, el creador del scroll infinito, lo definió en una entrevista con la BBC como la “cocaína conductual”. Esta técnica está ampliamente extendida en las redes sociales como Instagram, Meta, YouTube o TikTok. Una vez mi profesora de diseño web me comentó que el dedo índice es el dedo de la voluntad. ¡Qué casualidad!

Aza Raskin explicó que esta técnica es extremadamente adictiva porque elimina cualquier pausa natural en el consumo de contenido, lo que dificulta a los usuarios dejar de usar la aplicación.

¿Te has dado cuenta de cómo usamos los teléfonos inteligentes?

El lugar más evidente es el transporte público. Ante el aburrimiento, nos protegemos y sumergimos en el mundo digital. Escapando de las carencias que tenemos en el mundo real. Pasamos todo el trayecto incapaces de mirar por la ventana del autobús y nos refugiamos en un falso refugio virtual.

Cegados por los “me gusta” y dejando que los algoritmos nos muestren contenido que ni siquiera hemos elegido de forma consciente. Yo nos llamo “las ovejas sin pensamiento crítico”.

Nos llamo ovejas porque realmente así nos considero. Las ovejas son de naturaleza dócil y se mueven por inercia de lo que el conjunto del grupo realiza. Nunca se cuestionan lo que sucede a su alrededor. Sólo responden a los movimientos del perro pastor cuando el pastor lo ordena.

El símil funciona muy bien si nosotros somos las ovejas. El perro pastor es lo que consumimos en el mundo digital y el pastor son las grandes tecnológicas.

Entonces, ¿hacia dónde nos lleva la cuarta revolución industrial?

El poder de las tecnológicas es capaz de manipular nuestra conducta. La llegada de la inteligencia artificial y la robótica hace que las personas queden deshumanizadas para humanizar las máquinas. Es bastante paradójico.

¿Os habéis fijado cómo creamos robots humanoides? ¿Por qué nos esforzamos en crear proyecciones humanas en cuerpos inanimados? ¿Son nuestras carencias sociales incapaces de reaccionar ante los seres humanos? ¿Hemos perdido tanto la esperanza que preferimos un robot con cara de gato sirviendo sushi?

La tecnología como tal es neutra. Somos los humanos quienes decidimos qué hacemos con ella. En el pasado, los presocráticos tenían como centro la observación de la naturaleza. Pensadores como Descartes establecieron las bases del individuo como centro.

Actualmente, somos guiados por intereses de las minorías tecnocráticas. Creo que la revolución digital desplazará al individuo hacia un mundo dual físico y digital. Las carencias del mundo físico se intentan solucionar en una utopía irreal y digital.

La revolución digital viene impuldada por la inteligencia artificial. ¿Qué es la inteligencia artificial?

La inteligencia artificial es uno de los hitos a los que hemos llegado desde aquel 2007. Para empezar, definamos bien los términos. La inteligencia artificial ni es inteligente ni es artificial. Es un conjunto de algoritmos programados por personas bajo criterios objetivos y/o subjetivos.

Es común que gran parte de los términos relacionados con tecnología estén compuestos por al menos dos palabras para ocultar el significado real. Teléfonos inteligentes, internet de las cosas, big data, inteligencia artificial… Todo esto lo explica muy bien el filósofo y escritor Jordi Pigem en “Pandemia y posverdad”.

Ya sé lo que puedes estar pensando. Jose, la inteligencia artificial es inteligente…

Te pondré un ejemplo práctico. Una farmacéutica quiere lanzar un nuevo fármaco para ayudar a las personas contra la depresión. La farmacéutica junto con sanidad deciden programar una inteligencia artificial con 10,000 parámetros. 10,000 parámetros que responderán a una sola pregunta: ¿es necesario recetar el fármaco?

El equipo de programadores, estadísticos, accionistas y sanidad definirán dónde está el límite. Te has dado cuenta, ¿verdad? Conflicto de intereses. Los accionistas querrán vender cuantos más medicamentos mejor. ¿Quién escribirá la línea de código que decidirá si el porcentaje es un 50% o un 60%? ¿La máquina o el humano?

La inteligencia artificial no es inteligente. Es objetiva y decide un dilema: sí o no. Los humanos somos responsables de decidir cuándo el contexto es sí o no.

¿Tenemos solución?

Para modificar el rumbo hacia donde nos dirigimos, no lo tenemos nada fácil. El modelo económico actual de los datos nos hace consumir contenido de un tipo en concreto. Solo nos muestra aquello que nos gusta. Si nos muestran solo lo que nos gusta, pasamos más tiempo para que nos vendan cosas.

El precio que pagamos como colectivo es la polarización de la sociedad. La verdad nos es distorsionada diariamente. En un mundo donde hay ausencia de verdad es difícil encontrar certezas y definir criterios. Según mi humilde opinión, nos dirigimos hacia donde el pensamiento crítico lo determine.

La mala noticia: el pensamiento crítico no goza de muy buena salud en estos tiempos. La buena es que está en nuestras manos poder darle la vuelta a la situación.

Preguntarse las cosas, lectura diaria, estar en contacto con la naturaleza, tener conversaciones reales físicas o realizar actividades de humanidades (dibujo, música, escribir) son el camino - Jose Antonio López

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